Agosto 2009 Archivos

-¿Puede indicarme el camino a Innisfree?

-(...) ¿Ve usted aquel camino de allí? (...) Pues olvídese de él, no sirve de nada.

(Sean Thornton en la estación de Casteltown. El hombre tranquilo, 1952)

 

The%20Quiet%20Man.jpgEn el cine, hay besos perfectos, orquestados, (des)medidos, explosivos, arrebatados... Pero pocos tan paisajísticos como éste de El hombre tranquilo. A pesar de que está rodado en el interior de una casa.

La pasión y el ímpetu provienen del viento enérgico irlandés que entra por la ventana -imagínense la cantidad de ventiladores que tuvieron que colocar allí-, personalizado en Mary Kate Danaher, "una pelirroja con todas sus consecuencias", como la describe el entrañable borrachín Michaleen Flynn (Barry Fitzgerald) y a la que presta melena y rabia la actriz Maureen O'Hara. Cuando Sean Thornton, al que el rudo John Wayne otorga una absoluta ternura, besa a Mary Kate en esa delicada coreografía, está besando la idealización de la amada Irlanda de John Ford. Porque esta película, tan naïve y tan sofisticada al mismo tiempo, es una historia sobre la búsqueda y formación de un hogar.

Annex_-_Wayne,_John_(Quiet_Man,_The)_03.jpgAunque Innisfree sólo puede existir gracias a la magia del cine y el genio de Ford, el lugar en el que se inspiró y rodó es tan real como la lluvia intermitente que anima a los parroquianos a congregarse en las tabernas. Se llama Cong y es un diminuto pueblo situado en la región de Connemara, en el condado de Mayo, al oeste de la isla. Fue cerca de aquí, en el condado de Galway, donde nacieron los padres de John Ford. Y donde el nostálgico director regresó para realizar su película más querida. Cong contiene todo el verdor de Irlanda. Tanto que cuando el productor del filme vio proyectadas las primeras imágenes, dictaminó con bastante poca sensibilidad que era "demasiado verde". 

En este lugar remoto de la remota Irlanda, el turismo continúa, medio siglo después, exprimiendo la genialidad de Ford como principal reclamo. Todos los nombres de los establecimientos recuerdan los hitos de la película, como el Pub Pat Cohan's, que después de funcionar como tienda de souveniers, el año pasado fue transformado en una taberna algo menos ruidosa que la de la película. Algunos B&B o tiendas han adoptado el nombre, cómo no, de The Quiet Man. En otro pub cercano -el pueblo sólo tiene un par de calles- proyectan la película constantemente en una pequeña pantalla de televisión. El puente, la iglesia, alguna casa típica... presumen de ser escenario de tan inmensa y participativa historia de amor.

bar.jpgFoto: Jorge Cano

También conservan un museo raquítico dedicado a la película que debería entrar en el récord Guinness de Museos Absurdos. Lo único interesante es la casa que lo aloja, una vivienda típica irlandesa con tejado de paja. El interior muestra una "bici como la que montaba el protagonista", un par de prendas usadas durante el rodaje, algún atrezzo de la casa, unas fotocopias de la prensa mal impresas anunciando la película y algún recuerdo más que no satisfacerá ni al más descerebrado de los mitómanos. ¡Y además cuesta casi 10 euros!

museo.jpgFoto: Jorge Cano

Ahórrenselo. Si tienen dinero, pueden destinarlo a alojarse en un antiguo castillo, donde también se rodaron algunas escenas y donde se instaló parte del equipo: se llama Asfhord Castle y perteneció la familia Guinness antes de reciclarse en atractivo turístico de lujo.

Pero lo realmente interesante de Cong, además de una abadía en ruinas francamente evocadora con unos jardines generosos, es el paisaje. Las suaves colinas de color verde, a ratos brillante a ratos melancólico, las nubes rotas, por donde asoma, sin esperarlo, un sol radiante, la lluvia que emborrona el paisaje, convirtiéndolo en un sueño, con suerte con un arcoiris, vacas y ovejas que transforman cada rincón en una estampa bucólica, el viento colérico, las flores adornando hasta la última ventana de cada vivienda... Así es Irlanda y así es The Quiet Man: hechizante y acogedora, entrañable, familiar y apasionada. Embrigadora (¿o embriagada?). Y muy, muy divertida. Vean:

 

PD1: No se pierdan a Maureen O'Hara hablando en gaélico. Pueden verlo en esta escena.

PD2: A continuación, un entrañable homenaje a Ford por obra de Spielberg: el pequeño Elliot de E.T. besa a una futura vigilante de la playa como John Wayne a Maureen O'Hara. (A partir del minuto nueve, más o menos, del video)

| Comentarios | TrackBacks

Publicidad

Publicidad

© 2000-2008, HOLA S.A., Madrid – Miguel Ángel, 1 – 28010 – Madrid (España)