Todas estas imágenes han sido recogidas y reinterpretadas recientemente por Emilio Ruiz Barrachina en el documental Orson Welles y Goya, que se puede ver en el canal de televisión del Instituto Cervantes. Aquí se establece una comparación entre el cineasta y el pintor, abordando aspectos del carácter narcisista de ambos creadores, de su capacidad de convertir en seres extraordinarios a personajes corrientes y molientes y del uso que ambos hacían de la perspectiva y las luces y sombras.
A una servidora el documental le ha decepcionado bastante. Merece la pena por el material bruto rodado por Orson Welles. (¡Ojalá nos lo hubieran mostrado sin ese montaje, sin esa música y sin esa locución!). Cuando, hace meses, comenzamos a oír hablar del proyecto, no se mencionaba para nada la relación del cineasta con Goya. Por algún motivo, finalmente se abordó el documental desde ese punto de vista, un exceso de anécdota que resta protagonismo e interés al material del cineasta. Además, Welles, que como ya saben era muy torero, decía que le gustaba pensar que estaba inventándolo todo de nuevo. Y eso iba también por Goya.


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