Machado, a los Cuatro Vientos

Machado I.JPGSiempre es buen momento para visitar Soria. Bajo la nieve del invierno o bajo las frescas sombras de los chopos del Duero en verano. O entre los increíbles contrastes cromáticos de las hojas caducadas del otoño. Pero quizás la primavera, cuando asoman por marzo los primeros días de sol y los tallos verdes apuntan ya su futuro esplendor en las ramas de los árboles, es una época muy especial para visitar Soria de la mano de su poeta: Antonio Machado.

 

Ha pasado ya un año entero (todo el 2008) desde que Soria celebró por todo lo alto el Centenario de la llegada del poeta a la ciudad en 1907, pero lo cierto es que su huella sigue ahora tan viva como entonces. En el instituto que lleva su nombre y en el monumento que recuerda su último viaje hasta Collioure; en el olmo seco del Espino y en las flores que se renuevan permanentemente en la tumba de Leonor; en su rincón de San Saturio y en la iglesia de Santa María de la Mayor, donde se casó..., pero también en las placas, los carteles, los innumerables recuerdos del autor de Campos de Castilla que se reparten a lo largo y ancho de la geografía urbana de Soria. Ni Bécquer ni Gerardo Diego, los otros dos grandes cantores de Soria, han conseguido impregnar de su figura a la ciudad del Duero como lo ha hecho don Antonio. Basta seguir, más o menos al pie de la letra, el itinerario machadiano que se ofrece en cualquiera de sus oficinas de turismo, para darse cuenta de ello.

 

Todos los rincones de Soria relacionados con Machado tienen algo especial. Pero de todos ellos yo me quedaría con tres: el aula del profesor de francés, un verdadero túnel del tiempo donde el espíritu del poeta parece haberse quedado a vivir de manera permanente; su "rincón" junto a la fantasía pétrea de San Saturio, donde el Duero cobra toda la fuerza telúrica que inspiró sus mejores versos, y el monumento a Antonio y a Leonor en el mirador de los Cuatro Vientos, junto a la ermita del Mirón (fotografía de Francisco Martín). Desde este último emplazamiento, en uno de los dos cerros fundacionales de Soria (en el otro, situado enfrente, se encuentra precisamente el parador Antonio Machado), os invito a no dejar pasar muchos días antes de hacer una escapada a esta ciudad impresionante con los versos del poeta en la mano. Cualquiera de ellos, pero quizás especialmente esos que empiezan:

 

Machado II.jpg

 

 

 

 

 

 

Palacio, buen amigo,
¿está la primavera
vistiendo ya las ramas de los chopos
del río y los caminos? En la estepa
del alto Duero, Primavera tarda,
¡pero es tan bella y dulce cuando llega!...
 

 

Leerlos aquí, entre la silueta de los esposos frente al Duero, es un verdadero lujo literario.

 

 

 

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2 Comentarios

Por supuesto, Carlos. Pero será este verano, con toda la emoción que inspira ese rincón que es un mundo poético en sí. Compraré y pediré guías, pero la mejor, sin duda,son sus versos.
Nunca olvidaré la primera vez que estuve allí, con 22 alumnos de COU, vísperas de navidad, leyendo a coro sus versos ¡a -2º de temperatura, con la nieve cayéndonos en las páginas! Aquellos alumnos catalanes querían quedarse allí: por los versos, por la nieve, por los vinitos, por el calorcito de los bares. Para ellos, fue impresionante. Aún lo recuerdan. Pon tú la fecha, que eres un cronicón: España ganó a Malta por no sé cuántos goles.
Siempre nos quedará Soria, el Moncayo, Leonor, las palabras verdaderas, la honradez...

Y vuelvo con el mismo tema, pero en distinto sitio.
El sábado 9, celebramos en Villa Amparo (Rocafort, Valencia) un homenaje a A. Machado. Ahora, sí. Estupendo, muy sentido. El chalet donde estuvo un tiempo refugiado cobró el color que se merece. ¿Te puedes imaginar la emoción que se sentía al tener a su sobrina Leonor, ya tan anciana,escuchando nuestras lecturas? Nos transmitió un extraño sentimiento de melancolía, esperanza, fe en los recuerdos. Su palabra, ya cansada, recordando algunas anécdotas de su abuela, de su padre y de su tío por las huertas, el jardín. Tenía entonces nueve años. Impresionante, de verdad.

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