Marzo 2009 Archivos

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Como una ciudad verde en mitad de la ciudad de la piedra, el cemento y el asfalto; como un pequeño universo con sus palacios de cristal, sus paseos regios, sus cruceros de interior por el estanque, sus iglesias en ruinas, sus arquitecturas arbóreas y su enigmático monumento a los ángeles caídos, el Retiro madrileño es la mejor representación del alma soñadora de la ciudad que Machado definió como "rompeolas de todas las Españas".

Pasear por el Retiro es siempre una experiencia, pero más estos días de primavera cuando es posible encontrarnos, entre árboles en punto de floración, deportistas concentrados en la música de sus cascos y el ritmo de sus pies y parejas de enamorados, con toda una "marejada emocional y turbulenta" (Juan Ángel Vela del Campo dixit) en forma de pinturas y esculturas del artista vasco José Ibarrola. La Casa de Vacas del parque madrileño, un delirio de reyes que hoy es uno de los espacios más populares de esta gran urbe europea, acoge desde el pasado martes una impresionante colección de miradas (dubitativas, introspectivas, nostálgicas, derrotadas, vibrantes, incrédulas, soñadoras, seductoras... nunca inquisitivas) de este creador de estilo personal que expresa como muy pocos el espíritu de nuestro tiempo: un desbordante mundo interior que apenas logra aflorar en el brillo de unos ojos, amordazado por el ruido de una sociedad donde la comunicación verdadera es un proceso cada día más complicado y confuso. El sonido de una música secreta; el regusto de un vino viejo; el sabor amargo del tiempo perdido, de la decisión equivocada; la duda que nos asalta en el quicio de una puerta... todo eso y mucho más se adivina en las pinturas de José Ibarrola, donde la "sozoología" de los animales que se "cuelan" en el marco de sus cuadros no hace sino aumentar la dosis de inquietud de todo este universo de preguntas sin respuestas. Todo ello arropado, además, con una maravillosa melodía de colores que matizan, connotan, suavizan, humanizan y armonizan emocionalmente las turbulencias que se presienten en el interior de sus personajes.

Esculturas, artefactos y otras muestras de la permanente inquietud artística de José Ibarrola acompañan magníficamente a esta colección de miradas que da título a su muestra madrileña. Pero yo me quedo sobre todo con las miradas. Las miradas de esas dos decenas de personajes que han viajado desde Bilbao hasta Madrid para buscar también la complicidad de los visitantes y los paseantes del Retiro. Y de entre todas esas miradas, incluso diría que me quedo con una. Me quedo con la mirada de la dama de los barquitos de papel, tan bella y equilibradamente sentada entre los pliegues de tafetán rojo de un sofá cuyos brazos, sin embargo, "giran" como la espiral de un secreto sueño freudiano... Ya lo dijo Bécquer: "Por una mirada, un mundo".

"Mirar alrededor". Obras de José Ibarrola. Casa de Vacas del Retiro. Madrid. 10.00-21.00 horas. Hasta el 30 de abril.

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Machado I.JPGSiempre es buen momento para visitar Soria. Bajo la nieve del invierno o bajo las frescas sombras de los chopos del Duero en verano. O entre los increíbles contrastes cromáticos de las hojas caducadas del otoño. Pero quizás la primavera, cuando asoman por marzo los primeros días de sol y los tallos verdes apuntan ya su futuro esplendor en las ramas de los árboles, es una época muy especial para visitar Soria de la mano de su poeta: Antonio Machado.

 

Ha pasado ya un año entero (todo el 2008) desde que Soria celebró por todo lo alto el Centenario de la llegada del poeta a la ciudad en 1907, pero lo cierto es que su huella sigue ahora tan viva como entonces. En el instituto que lleva su nombre y en el monumento que recuerda su último viaje hasta Collioure; en el olmo seco del Espino y en las flores que se renuevan permanentemente en la tumba de Leonor; en su rincón de San Saturio y en la iglesia de Santa María de la Mayor, donde se casó..., pero también en las placas, los carteles, los innumerables recuerdos del autor de Campos de Castilla que se reparten a lo largo y ancho de la geografía urbana de Soria. Ni Bécquer ni Gerardo Diego, los otros dos grandes cantores de Soria, han conseguido impregnar de su figura a la ciudad del Duero como lo ha hecho don Antonio. Basta seguir, más o menos al pie de la letra, el itinerario machadiano que se ofrece en cualquiera de sus oficinas de turismo, para darse cuenta de ello.

 

Todos los rincones de Soria relacionados con Machado tienen algo especial. Pero de todos ellos yo me quedaría con tres: el aula del profesor de francés, un verdadero túnel del tiempo donde el espíritu del poeta parece haberse quedado a vivir de manera permanente; su "rincón" junto a la fantasía pétrea de San Saturio, donde el Duero cobra toda la fuerza telúrica que inspiró sus mejores versos, y el monumento a Antonio y a Leonor en el mirador de los Cuatro Vientos, junto a la ermita del Mirón (fotografía de Francisco Martín). Desde este último emplazamiento, en uno de los dos cerros fundacionales de Soria (en el otro, situado enfrente, se encuentra precisamente el parador Antonio Machado), os invito a no dejar pasar muchos días antes de hacer una escapada a esta ciudad impresionante con los versos del poeta en la mano. Cualquiera de ellos, pero quizás especialmente esos que empiezan:

 

Machado II.jpg

 

 

 

 

 

 

Palacio, buen amigo,
¿está la primavera
vistiendo ya las ramas de los chopos
del río y los caminos? En la estepa
del alto Duero, Primavera tarda,
¡pero es tan bella y dulce cuando llega!...
 

 

Leerlos aquí, entre la silueta de los esposos frente al Duero, es un verdadero lujo literario.

 

 

 

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