No. No es que se hayan pasado con el aire acondicionado. Es
que acabas de entrar en el primer bar de hielo de Barcelona. Está, además, en
la misma playa de Barceloneta.
El bar está hecho completamente de hielo, las paredes, los
muebles, la sorprendente decoración con esculturas de tan gélido material... Y la
temperatura no pasa de los cinco grados bajo cero. Al pagar la entrada, te
proporcionan ropa térmica de abrigo y guantes, con los que soportar el intenso frío
mientras disfrutas de una copa y echas vaho por la boca.
Como la cerveza me
gusta muy fría la voy a pedir fría, porque si la pido del tiempo va a estar
demasiado fría.Es complicado, además, sujetar la copa con las manoplas. Y
con ese inmenso gorro con orejeras pareces una inuit.
(Cuando éramos pequeños, cualquier cosa grande, rota e
inservible podía terminar siendo nuestro refugio. Un frigorífico nuevo
resultaba ideal. No él, sino su caja. Era enorme y solía quedar abandonada en
la acera, junto a los cubos de basura. Había que darse prisa. Y buscar un buen
sitio donde instalarla sin que fuera visible. Podíamos caber varios dentro. Y
convenientemente desplegada podía admitir otras cajas adosadas, palos, ramas).
Hay casas habitadas y casas deshabitadas, casas encendidas y
casas apagadas. Y luego están las cajas. Cajas que nosotros habitábamos
entonces. Y una caja habitada que nos encontramos en Sevilla. La Caja Habitada es un
pequeño hostel, ni hotel ni hostal (aunque tiene categoría de albergue), en el
centro de Sevilla. Resulta ideal para jóvenes que prefieren no dilapidar su
dinero en hoteles dudosamente lujosos. Queda mucha Sevilla por descubrir y por
disfrutar.
Aquí podrán encontrar todas las comodidades. Y todo de una forma familiar y
amigable. Además, no sólo es un alojamiento, es también un espacio de arte. Donde
todos los primeros sábados de mes se muestra una nueva exposición. Editan
también su propia revista. Es un lugar en el que hablar de tus artistas
preferidos, leer un libro, o preguntar por las tabernas con más sabor de
Sevilla.
Dispone de zonas comunes, una terraza, un patio, una cocina,
un salón comedor, una biblioteca, wi-fi y acceso a internet gratuito, aparcamiento
de bici a un minuto, mapas gratis de la ciudad, tabernas, restaurantes y bares
a la vuelta de la esquina, una guía con una ruta de tascas de la zona,
proyecciones de vídeo, exposiciones, danza contemporánea, música en vivo... Un
lugar donde estar y desde el que descubrir una de las mejores ciudades del
mundo. Porque no todo es cuestión de dinero.
(Incluso cuando éramos aún más pequeños, aunque no lo
recordemos, nos hacía más ilusión que el propio juguete o regalo, la caja
(mamá, ¿no habrás tirado la caja?), sobre todo si era grande y aparatosa, mucho
más entretenida que el trasto que nos habían traído).
Al lado de Ópera, justo en la esquina de la calle de la Independencia con la
calle de la Amnistía,
asoma tímidamente un pequeño restaurante de diseño constructivista que propone
una apuesta singular y atractiva basada en dos de los pilares de la gastronomía
eslava: los blinis y el vodka. Se llama 1917.
Un blini es una tortita fina, una especie de crêpe muy
habitual en la cocina eslava. Se elabora con harina, huevos, leche y levadura,
y puede comerse cocida en el horno o frita, con o sin relleno alguno. Los blinis
sirven como base para diferentes tipos de pescados ahumados, como el salmón, el
arenque, la trucha o esturión; o bien con nata agria (crème fraîche) y huevas
de pescado. Deben acompañarse con vodka, champaña o cava, o vino blanco, bien
fríos.
Y el vodka, bueno, creo que no necesita mayor explicación.
Aquí nos encontramos con una carta con más de 55 marcas, entre las que destacan
algunas tan peculiares como el Zubrówka, aromatizado con la hierba del bisonte.
(Glups). La lista es verdaderamente extensa y los hay de todas las
procedencias: de Rusia, Polonia, Suecia, Finlandia, Islandia e incluso Nueva
Zelanda. Siempre servido en shots helados.
Y aunque son los blinis la especialidad de la casa, también
se pueden saborear ensaladas de arenque y remolacha, sopa borscht, un excelente
steak tartare y otras novedades fuera de carta. Una curiosa cocina de
inspiración rusa-báltica-escandinava, ambientada con luces tenues, cortinas de
terciopelo rojo y techos dorados, como si hubiéramos dejado atrás el lujo
zarista para adaptarnos a los tiempos modernos en un ambiente revolucionario.
Estamos en 1917.
Al lado de Ópera, justo en la esquina de la calle de la Independencia con la
calle de la Amnistía,
asoma tímidamente un pequeño restaurante en el que acaban de entrar Varvara
Fiódorovna Stepánova y Aleksandr Ródchenko. Comparten apartamento y andan
inventando un arte nuevo.
1917
Calle de la Independencia
1, esq. con Amnistía. 28013 Madrid.
Metro: Ópera
Dejarlo todo, largarse, buscar un buen lugar, inaccesible y
perdido, y dedicarse a pastorear unas cabras. En el bolsillo de la zamarra, una
navaja y una edición bilingüe de las Geórgicas de Virgilio. La verdad es que
estoy exagerando. (Aunque bien pensado...)
Pero no. No es necesario tomar una decisión tan radical y
absurda. Algunos alojamientos rurales ofrecen actividades y experiencias turísticas cada vez más diferentes. En uno de ellos nos
podemos convertir en pastor de cabras por un día.
La Fornal
dels Ferrers es un estupendo hotelito rural de apenas cuatro habitaciones. Pero
qué habitaciones: camas de matrimonio de látex con cinco puntos de confort y
baños completos con bañera y cabina de ducha. Ah, y un surtido de amenities
Relais du Silence. Todo en una antigua herrería de pueblo ampurdanesa del siglo
diecinueve. Tienen además un espacio jacuzzi privado, una alberca-piscina y una
cafetería con una gran chimenea. Y su restaurante La Fornal es absolutamente
recomendable. Cómodo, coqueto y cálido. Con una sabrosa carta de exquisitos
entrantes y elaborados platos principales.
Pero a lo que vamos. Se nos ofrece también desde este hotel
rural ubicado en el pueblecito de Terrades del Alt Empordà, que no llega a
los doscientos habitantes y que está a apenas 11 kilómetros de
Figueres, la posibilidad de pastorear un rebaño de cabras. Tan solo tenemos que acercarnos al cercano pueblecito de Cistella.
A la caída de la tarde, cuando se pone el sol, es cuando
sale el rebaño. Y en compañía Marta, cabrera de Cistella (y licenciada en
Bellas Artes, aunque lo más importante es lo primero), iniciamos la andadura
con más de un centenar de cabras. Las llevamos a pacer durante casi dos horas, bajo los nítidos cielos del Alt Empordà, con Greta, su perra pastora,
como insustituible directora de operaciones. El pastoreo acaba con la
vuelta a la masía, un resopón de pan y el picoteo de quesos
elaborados con la leche de estas mismas cabras.
Queda entonces el silencio de la noche deliciosamente perturbado por
los ruidos del campo y por la charla que se alarga en torno a la enorme mesa de
madera, adelgazándose a medida que avanzan las horas. Es tarde. Nos vamos ya. En una esquina de la mesa
dejamos olvidado el ejemplar de las Geórgicas.
LA
FORNAL DELS FERRERS
Restaurante y Hotel (4 habitaciones tematizadas + spa
privado)
En la zona de Conde Duque, en Madrid, justo en la calle del
Limón, 12 , ha abierto hace tan sólo un par de meses una pequeña
taberna-bar-restaurante, perfecta para tapear o cenar en buena y relajada compañía.
Se llama Miss Limones (así, con dos eses). La propietaria, Mabel, es también la
excelente cocinera de este rincón para el vino y el tapeo con firma de autora.
Es lo que ella llama un restobar.
El bar no es muy grande, pero está concebido de tal forma
que resulta diáfano, informal, con predominio del blanco y negro. La carta es
breve, apenas media docena de platos. Una burrata al tartufo, unas alcachofas a
la romana, una carrillada de ibérico... A la que acompaña una estupenda carta de
vinos elegida por la sumiller Cristina Alcalá... Ah, y no hay que perderse los
mejillones de roca a la crema.
¿A qué hora quedamos?
Miss Limones Calle del Limón, 12. Reserva: 91 542 77 99. Horario: de martes a jueves, de 18 a 24h.; de viernes a sábado de 13 a 02h.; y los domingos de 13 a 20h.
A oscuras. Totalmente. Sin ver nada. Y con camareros ciegos.
Disfrutando, a pesar de cierta inseguridad y nerviosismo, de los olores y los
sabores de una manera primigenia, absoluta. Sin que nada medie entre nosotros y
nuestras sensaciones.
Dans Le Noir? es una cadena ya establecida en Londres, París
y Nueva York que ahora abre en Barcelona. Son restaurantes en los que comes a
oscuras, no con luz tenue, sino realmente a oscuras, sumergido en un negro
total.
Dicen que es un nuevo experimento de sabores y de
sentidos. Una nueva forma de disfrutar de la comida y el vino en la más
completa oscuridad. Sin la vista, los demás sentidos ofrecen nuevas sensaciones
y emociones. El hecho de ocultar el más predominante, nos
hace cuestionarlo todo. Verlo de otra forma. No verlo.
Es también un lugar dedicado al vino y a los quesos donde
disfrutar de descubrimientos y sorpresas. Asesorado por el
sumiller, se pueden realizar verdaderas catas a ciegas: a oscuras.
El restaurante tiene un comedor preparado para recibir de 50 a 60 personas en completa
oscuridad. Un pasillo sin nada de luz permite la transición hacia el comedor.
El personal invidente atiende a los clientes después de haberlos acomodado en
su sitio.
En lonchas, en lonjas, en virutas
o en lascas. El jamón ibérico de bellota. Si la forma de cortar el jamón (cortar bien,
se entiende) tiene algo de rito, el gesto de coger las finas láminas
desprendidas sobre el plato con los dedos y llevarlas a la boca tiene algo de
sacramental. Y es en estos casos cuando me viene a la mente la palabra
retrogusto, que no sé si está en el diccionario. Pero es igual. Es dificil
encontrar un sabor semejante.
En ese ancho pasillo situado al
oeste de nuestra península que va del norte de la provincia de Huelva al sur de
la provincia de Salamanca, atravensando de cabo a rabo Extremadura, hoza despreocupado y voraz el cerdo de raza ibérica, al cobijo de interminables encinares. Después
del lento milagro de la curación llegan los jamones, con menos frecuencia de la
que quisiéramos, a nuestras despensas.
Ahora, en la calle Muntaner de
Barcelona se acaba de inaugurar una nueva tienda gourmet. En Jamonísimo han
desterrado equívocas denominaciones como "pata negra", "serrano", "jabugo" o
"guijuelo". Aquí no hay marcas comerciales, sólo jamón ibérico de bellota de la
más alta calidad. Todos al mismo precio.
También te asesoran los maestros
cortadores que muestran y explican las características que distinguen a cada
jamón según la zona de corte y el lugar de procedencia. Sólo doce personas
máximo, previa reserva, pueden acceder a la degustación. Y algunos de los
mejores cocineros del mundo (Ferrán Adrià, Alain Ducasse, Paul Bocusse...) han
disfrutado de estos jamones ibéricos de bellota.
Después de cada bocado, sólo falta decir "Amén".
Jamonísimo
Muntaner 328, Barcelona. Tel: 93 209 15 62. www.jamonisimo.com
Horario degustación: de 8.00h a 21.00h (lunes-viernes) y de 8.00h a 14.30h
(sábados)
Horario tienda: de 9.30h a 14.30h y de 17.00h a 21.00h (lunes-viernes) y de
9.30h a 14.30h (sábados)
Gin es fuerte, transparente y fragante. Tonic es fresco, con
un punto amargo, burbujeante. Y desde que Gin se encontró con Tonic, se han
convertido en inseparables.
Se conocieron en la
India, cuando la malaria arrasaba poblaciones enteras. Para
combatirla se recurrió a un remedio popular, agua con quinina. Pero resultaba
una bebida muy amarga y los soldados británicos allí destinados, para
equilibrar el sabor, la mezclaban con ginebra. Y desde entonces.
Donde más felices se encuentran, un tercio de Gin y dos
tercios de Tonic, es en una copa alta de balón con abundante hielo sin poro,
para mantenerlo frío hasta el final y evitar así que se agüe. Y en contra de lo
que se suele hacer, nunca se debe añadir limón. Tan sólo, acaso, pasar la
cáscara por el borde para aromatizar el primer trago.
En Madrid, en el Bristolbar, en Almirante 20, tienen hasta
75 tipos diferentes de ginebra y un lugar exlusivo para degustarlos sin prisas.
El Gin Club, a la altura de Gran Vía 12 y situado en un espacio anexo al
Mercado de la Reina,
es otro lugar clásico y altamente recomendable.Y en Barcelona podemos mencionar
el Xix Bar, lugar en que que tienen a la Reina
Madre de Inglaterra como prototipo de consumidor de
gintonics: longeva, alegre y moderadamente extravagante.
Hola. Pues a mí me vas a traer unas verduras a la plancha
con queso de cabra y aceite de trufa, un pollo al curry thailandés, dos sillas
y otra lámpara como aquella.
Lamucca es un restaurante situado en una placita que hay en
la calle del Pez, en Madrid. Cuenta con una carta variada y dinámica, así como
originales y sencillos platos de tapeo. Pero además puedes comprar (casi) todo su
mobiliario y decoración: los platos, las sillas, los cubiertos, las mesas...
Tienen una zona para la barra, otra donde sentarse a tomar
algo, mesas para comer o cenar y otro apartado donde poder tomar una copa con
música. Durante los meses de buen tiempo también tienen terraza.
Ensaladas, originales pizzas, sopas exóticas, pastas, pescados
y carnes conforman una ecléctica carta quese aviene a la perfección con el aire entre industrial y de anticuario de
su decoración.
Y aquella mesa nos vendría que ni pintada.
Lamucca
Plaza de Carlos Cambronero 4, esquina con la calle del Pez.
La Casa Azules azul. Tiene la fachada pintada de azul. De un azul intenso.
La Casa Azul es un hotel. Y en la recepción hay una vinoteca. Aunque también es una tienda donde muestran y venden las exclusivas publicaciones de la editorial de Franco Maria Ricci. En La Casa Azul el lujo no está reñido con la estética.
La Casa Azul está en Valencia. Junto al Mercat Central y La Lonja de Mercaderes de La Seda. Como si se escondiera en su mismo centro.
La Casa Azul tiene sólo tres habitaciones. Una tan barroca como la vida y los gustos de los Borgia. Otra la ocupa La Luna de Valencia, que cuelga de la barra de las cortinas. Y la última recrea La Ruta de la Seda. Desde la azotea, de aire andalusí, se ve la ciudad desperezarse y bullir.
Alojarse en La Casa Azul es como alojarse dentro de un libro de cuentos. Dentro de una de sus mágicas y minuciosas ilustraciones.
Cualquier excusa es buena para escapar. Cualquier pretexto puede convertirse en una invitación al viaje. Perderse unos días en otros lugares bastará para hacer añicos la rutina. Aquí reuniremos pistas, mostraremos lo que la actualidad nos ofrece y daremos excusas, pretextos e invitaciones para seguir descubriendo nuevos lugares, disfrutando de nuevas sensaciones, viajando hacia nuevos espacios. Una exposición de un artista que nos fascina, una visita única a un lugar único, un hotel mágico perdido en un valle o clavado en el corazón de una gran ciudad, un restaurante de cocina sorprendente y delicada, un concierto soñado o un lujo imprevisto. Todo lo nuevo que nos llame la atención. Todo lo nuevo capaz de provocar, una vez más, otro inesperado e inspirador viaje.
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