Febrero 2011 Archivos

Quién iba a sospechar que la entrada anterior fuera la penúltima y ésta que estás empezando a leer ahora sería (es) la última. La última de A la última. Y quién iba a sospechar que esta especie de caótico y heterogéneo cuaderno de bitácora, que fue iniciado casi a la fuerza, duraría justamente dos años.

 

Porque hemos visto aullar a los papas de Francis Bacon en la salas de El Prado, nos hemos tomado un café justo en la mesa que da a la calle en La Buena Vida, y ya por la noche una probadita de mezcal en La Botica de la Condesa, en honor al cónsul de Cuernavaca, luego nos fuimos hasta Jerez de la Frontera (menuda zapatiesta), y en Valencia nos alojamos en La Casa Azul, y era como estar dentro de una casa de muñecas, entonces Dalí nos prestó sus relojes, que tuvimos que llevar con cuidado, ya en Sevilla, por el torno (ave maría purísima), unas monjitas nos vendieron dulces, y fuimos también al Womad en Cáceres, y nos chupamos los dedos en Espaisucre, un restaurante en Barcelona donde sólo sirven postres, viajamos a la Feria del Queso de Trujillo, y al Festival de Títeres de Alcázar de San Juan, en A Coruña vimos asombrados las polaroids de Tarkovski, y dimos un paseo, de vuelta en Madrid, ya en El Pardo, por la otra Casita del Príncipe, tarareamos entonces improbables canciones del verano, y en estos tiempos de gps y google earth, pasamos la tarde en una tienda de mapas antiguos, en Pedraza asistimos al Concierto de las Velas, para viajar después hasta Deià, y de aquí a Salamanca, para ver su cielo, hojeamos más tarde un libro de poesía medieval y cenamos, después, en Lamucca, un restaurante de Madrid en el que también puedes comprar la vajilla y el mobiliario (póngame un filete y esa silla), bebimos vino criado en el fondo del mar, y nos paseamos por las recién descubiertas piedras del teatro romano de Medellín, más piedras vimos en el Festival Hay de Segovia, y ya en Madrid compramos algo de ropa en el Nómada Super Market, dimos, también, algunas pistas para disfrutar de los mejores gin-tonics del país (ahora en cuanto acabe de escribir esta entrada pienso tomarme uno), vimos objetos de vidrio del tiempo de los romanos en el Museo Arqueológico de Badajoz, asistimos, por los Santos, a una representación del Don Juan de Zorrilla (cuán gritan estos malditos), y fuimos después a Jamoníssimo, a por una lascas del mejor jamón ibérico, nos tomamos luego una Estrella Damn Inedit y estuvimos en una exposición de caracolas que fueron recogidas durante años por Pablo Neruda, en Dans Le Noir? de Barcelona cenamos a oscuras, totalmente, saboreamos también un aceite hecho con seiscientas sesenta y siete aceitunas, y no, no llegamos a ir a esa tabernita de la calle del Limón, aunque sí a tomarnos un vodka y unos blinis en 1917, y de vuelta a Barcelona fuimos a un icebar (si lo pides del tiempo sí que va a estar frío), para ya por la noche, navegando a bordo de una "golondrina" por el puerto, ver películas de Chaplin y Keaton, de la mano de un escritor húngaro buscamos el rastro del último lobo que habitó la sierra de San Pedro, de regreso, nos aislamos en una especie de bañera en la que experimentar la total ingravidez (aaah), volvimos a ver de noche el prodigioso cielo de Monfragüe, comimos, sin saber muy bien qué era eso, unos gnoquis de tupinabo, descubrimos Kerala muy cerquita de El Retiro, probamos unas tartas de alta costura, recorrimos Barcelona en sidecar, nos hartamos de chuches en una curiosa ruta por Madrid, decoramos la casa con el colorista cuadro de nuestro código genético, inauguramos un relais&chateaux en el corazón antiguo de Cáceres, y también la escalera real del monasterio de las Descalzas Reales mientras escuchábamos a Led Zeppelin en el ipod, en Trujillo dormimos en la casa natal del descubridor del Amazonas, Francisco de Orellana, nada menos, y de vuelta a Madrid no se nos ocurrió otra cosa que comer en el suelo y recomendar una carnicería...

 

Lo raro es que quede algún lector. Porque ha sido como un extraño batiburrillo que no parecía tener otro objetivo que el de descolocar. Pero, no sé. También hay un hilo común, prácticamente invisible, que nos llevaba de una cosa a otra. Y ese hilo era el deseo de no aburrir.

 

(En los lejanos tiempos del blanco y negro y del uhf, de vez en cuando ponían unos dibujos animados distintos, diferentes de la abundante repetición de los de siempre -el oso Yogui, el Correcaminos, el Pájaro Loco, Bugs Bunny, Tom y Jerry...- que también nos encantaban. Pero éstos de los que hablo, eran otra cosa. Creo recordar que los hacían en la antigua Checoslovaquia. Eran de plastilina, también de alambre o de trapo, o simplemente dibujados. Tenían una rara magia hecha a mano y un especial encanto en las historias. Y cuando terminaban, no aparecía el terrible letrero de FIN o de THE END, sino el más enigmático de KONIEC. Que me parece que significa lo mismo).

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S.P.A. Salute per aqua. El agua como fuente de salud. De los antiguos romanos a los más refinados pueblos del oriente. Aunque ahora, aquellos venerables balnearios del tiempo de nuestros abuelos se han convertido en modernísimos lugares con sofisticadas máquinas y mecanismos hidráulicos en los que despojarnos de nuestras pequeñas y cotidianas dolencias.


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Pero no nos es suficiente ya el agua y nos ofrecen sales, fangos, algas, aceites de diversos orígenes, arenas volcánicas, piedras calientes, compresas herbales y aromáticas, distintas frutas, chocolates, miel, vino y cualquier otro elemento que pueda aportarnos unos gramos de recuperación y unas micras de bienestar.

 

Hay selectos spas que te ofrecen un Cremoso de cappuccino con virutas de chocolate o un Mousse de chocolate al aroma de almendras dulces, y cuando piensas que se han equivocado y que te han dado la carta del restaurante, te das cuenta, menos mal, de que, efectivamente, se trata de unos masajes antioxidantes y antiestrés que aprovechan las propiedades del chocolate caliente.

 

Con las piedras volcánicas es más difícil que te equivoques, pero con otros tratamientos es mejor andar con la boca cerrada, no vayamos a tragar vino. O sidra. Existen paquetes que incluyen baños de hidromasaje con vino, y también los hay que aprovechan las propiedades saludables y estéticas de la sidra. Ya sabemos que la manzana tiene propiedades desintoxicantes, regenerativas, hidratantes, antiarrugas y relajantes.

 

Más recientemente han explorado, allá por la parte de Valencia, claro, las propiedades terapéuticas de los cítricos. Por lo visto, la cáscara de naranja es ideal para la exfoliación.

 

Y, tal vez acordándose de la tomatina de aquellas tierras, un balneario ubicado en Mazarrón incluye entre sus servicios una escapada Vital Care basada en la tomaterapia. El licopeno es un carotenoide que da el color típico al tomate y cuya característica más importantes es su capacidad antioxidante, lo que retrasa el envejecimiento de las células. Además, entre tanto tomate, te sentirás fresca como un lechuga.

 

Chocolate: Le Méridien Ra Beach Hotel & Spa

Piedras volcánicas: Gran Hotel Bahía del Duque Resort

Vino: Villa de Laguardia

Sidra: Hotel-Spa Hostería de Torazo

Naranja: Mas de Canicattí

Tomate: Hotel Sensol Balneario Golf

 

Foto: Scott Haywood/Creative Commons

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