Un húngaro en la Sierra de San Pedro

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La mirada ajena es, a menudo, la que mejor ve. Viene un extranjero, nos mira, y no entiende nada. Pero desde esa perplejidad, detecta cosas que a nosotros se nos escapan.

 

Tal vez por eso, la Fundación Ortega Muñoz, radicada en Badajoz, ha puesto en marcha una iniciativa que consiste en invitar a escritores totalmente ajenos a la realidad extremeña a visitar este prodigioso rincón.

 

El escritor húngaro László Krasznahorkai ha sido el primero. Y después de su viaje por Extremadura nos ha dejado un intenso relato El último lobo, primer libro de la colección Territorios Escritos. La naturaleza, la relación tan estrecha de la gente con la naturaleza, es lo que más sorprendió al escritor. "Una relación que tal como la vi aquí, creí que estaba perdida".

 

El hilo conductor de su viaje, de la mano de un guarda forestal, le llevó por la Sierra de San Pedro, donde termina la provincia de Cáceres, en los últimos recodos donde dieron muerte a los últimos lobos. No hace tantos años. El relato se tensa al rememorarlo, en unos tiempos que aún se debaten entre la aniquilación de animales salvajes considerados dañinos o su protección. Aunque para ellos, ya es tarde.

 

Se estaba poniendo el sol, y al hablar del último lobo, mirando fijamente hacia delante mientras conducía el jeep, comentó el guarda forestal en voz baja: "El amor de los animales es el único amor que el hombre puede cultivar sin cosechar desengaño".
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