La mirada ajena es, a menudo, la que mejor ve. Viene un
extranjero, nos mira, y no entiende nada. Pero desde esa perplejidad, detecta
cosas que a nosotros se nos escapan.
Tal vez por eso, la Fundación Ortega
Muñoz, radicada en Badajoz, ha puesto en marcha una iniciativa que consiste en
invitar a escritores totalmente ajenos a la realidad extremeña a visitar este
prodigioso rincón.
El escritor húngaro László Krasznahorkai ha sido el primero.
Y después de su viaje por Extremadura nos ha dejado un intenso relato El último
lobo, primer libro de la colección Territorios Escritos. La naturaleza, la
relación tan estrecha de la gente con la naturaleza, es lo que más sorprendió al
escritor. "Una relación que tal como la vi aquí, creí que estaba perdida".
El hilo conductor de su viaje, de la mano de un guarda
forestal, le llevó por la Sierra
de San Pedro, donde termina la provincia de Cáceres, en los últimos recodos
donde dieron muerte a los últimos lobos. No hace tantos años. El relato se
tensa al rememorarlo, en unos tiempos que aún se debaten entre la aniquilación
de animales salvajes considerados dañinos o su protección. Aunque para ellos,
ya es tarde.
Se estaba poniendo el sol, y al hablar del último lobo, mirando fijamente
hacia delante mientras conducía el jeep, comentó el guarda forestal en voz baja:
"El amor de los animales es el único amor que el hombre puede cultivar sin
cosechar desengaño".
Desde los inicios del pasado siglo llevan Las Golondrinas
paseándose por el puerto y el litoral de Barcelona, en un humilde y encantador periplo
náutico. Hemos cambiado de siglo y de costumbres, y ahí siguen. Aunque han
incorporado nuevas y modernas embarcaciones, siguen manteniendo todo su encanto
Lolita, Encarnación y María del Carmen, con sus cascos de madera.
Las taquillas de Las Golondrinas se hallan delante del
monumento de Colón, en el Portal de la
Pau, muy cerca de donde se amarran las embarcaciones. Ofrecen
dos tipos de viaje. El tradicional recorre, durante 35 minutos, todo el puerto
hasta llegar al rompeolas. El completo, de hora y media de duración, sale del
puerto y navega a lo largo del frente marítimo de Barcelona hasta la zona del
Forum, con modernas embarcaciones de casco transparente que permiten ver el
fondo marino y la sala de máquinas.
Pero llega el verano y hay que escapar del calor de la noche
urbanita. Las Golondrinas nos ofrecen un nuevo plan para los viernes y sábados
por la noche: el Cine Mar. Mientras navegas a la luz de la luna, puedes ver las
mejores obras del cine mudo acompañadas al piano mientras tomas algo.
Charles Chaplin, Buster Keaton, Stan Laurel, Oliver Hardy,
Harold Lloyd y todos los demás, estarían encantados. En la última fila, con una
enorme bolsa de palomitas.
Sales del metro, cruzas un semáforo y caminas sin prisa por
una de las grises aceras del barrio de Salamanca. A la vuelta de la esquina, en
la calle Castelló aparece el cuadrado edificio de la Fundación Juan March.
Las puertas se abren solas. A la derecha queda una sala casi en penumbra. De sus paredes cuelgan doce pequeños grabados y tres acuarelas.
Nada más. Avanzas despacio mientras te acostumbras a la escasa luz y empiezas a
distinguir vasos, botellas, jarras encima de una mesa.
La
Fundación ha inaugurado, aprovechando unas obras de
remodelación, este nuevo espacio dedicado a presentar selectas muestras de
formato reducido, con estas obritas de Giorgio Morandi, todas ellas naturalezas
muertas, fechadas entre 1927 y 1962.
Giorgio Morandi (Bolonia, 1890-1964) era un extraordinario
pintor, de carácter reservado y contemplativo, que logró mantener su arte y su
vida al margen de la corriente general del siglo. Siempre respetó la artesanía
y creyó en la disciplina y en la humildad del artista.
Parte de la iconografía del pintor boloñés son simples vasos
y botellas que, colocados sobre una mesa, se convierten en los principales
protagonistas de sus cuadros. Buscaba "la metafísica de los objetos más comunes"
y creía en "las leyes eternas del dibujo geométrico, el fundamento de toda gran
belleza y de toda profunda melancolía".
Son doce grabados y tres acuarelas. Cuesta llamarla
"exposición". Es apenas una pequeña sala. Pero suficiente para contener un arte
en calma, un silencio obstinado que se pierde sin remedio, sepultado bajo el fragor de las
apoteósicas exposiciones de largas colas, inauguradas bajo los focos y
consumidas con bulimia.
Giorgio Morandi: Tres acuarelas y doce aguafuertes
Hasta el 18 julio 2010
Fundación Juan March
Castelló, 77. Madrid
Cerrado sábados, domingos y festivos
Cualquier excusa es buena para escapar. Cualquier pretexto puede convertirse en una invitación al viaje. Perderse unos días en otros lugares bastará para hacer añicos la rutina. Aquí reuniremos pistas, mostraremos lo que la actualidad nos ofrece y daremos excusas, pretextos e invitaciones para seguir descubriendo nuevos lugares, disfrutando de nuevas sensaciones, viajando hacia nuevos espacios. Una exposición de un artista que nos fascina, una visita única a un lugar único, un hotel mágico perdido en un valle o clavado en el corazón de una gran ciudad, un restaurante de cocina sorprendente y delicada, un concierto soñado o un lujo imprevisto. Todo lo nuevo que nos llame la atención. Todo lo nuevo capaz de provocar, una vez más, otro inesperado e inspirador viaje.
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