Abril 2010 Archivos

Es de noche y sin embargo se puede caminar entre los olivares casi como si fuera de día. La claridad que irradia la luna llena todo lo inunda, creando una extraña, inquietante y agradable escenografía. Se dice que en la antigua Roma, tal vez ya desde mucho antes, se hacía en estas noches, como si de un rito se tratase, la recogida de la aceituna. Esta cosecha nocturna, cuando las temperaturas son más bajas y el sol no las maltrata, produce un aceite más puro, más delicado, de un sabor más fresco y frutado.

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En el valle del Tiétar, en la finca Arroyo del Caño, perteneciente al término cacereño de Majadas del Tiétar, nunca cogen las aceitunas del suelo, siempre lo hacen al vuelo, y son molturadas a los pocos minutos de la recolección. Es esta la mejor manera de obtener un aceite de oliva virgen extra de máxima calidad y de mínima acidez.

 

Pago Baldíos de San Carlos, para su exclusiva marca Full Moon, ha recuperado esa noctívaga forma de recolectar la aceituna. Este año lo hizo durante la luna llena del 4 octubre. Y es acaso por esta influencia natural por lo que se acentúa la intensidad del aroma, del sabor y de los múltiples poderes, entre ellos los afrodisíacos, de la aceituna.

 

En la Antigüedad, la luna marcaba los ritmos de las tareas agrícolas. Influye en las mareas, en las lluvias, en los animales, en las plantas, en las personas... Siempre ha ejercido una poderosa y mágica fascinación. En las noches de luna llena las lechuzas ululan en los olivares mientras los perros a lo lejos ladran a la gran diosa blanca. Podemos empezar la cosecha.

 

Pago Baldíos de San Carlos

Oficinas Madrid. Tel: (+34) 91 319 32 21.

Fábrica y Almazara. Finca La Laguna . 10529 Majadas del Tiétar (Cáceres). Tel: (+34) 927 577 223.

Web: www.pagobaldiosancarlos.com

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Al lado de Ópera, justo en la esquina de la calle de la Independencia con la calle de la Amnistía, asoma tímidamente un pequeño restaurante de diseño constructivista que propone una apuesta singular y atractiva basada en dos de los pilares de la gastronomía eslava: los blinis y el vodka. Se llama 1917.

 

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Un blini es una tortita fina, una especie de crêpe muy habitual en la cocina eslava. Se elabora con harina, huevos, leche y levadura, y puede comerse cocida en el horno o frita, con o sin relleno alguno. Los blinis sirven como base para diferentes tipos de pescados ahumados, como el salmón, el arenque, la trucha o esturión; o bien con nata agria (crème fraîche) y huevas de pescado. Deben acompañarse con vodka, champaña o cava, o vino blanco, bien fríos.

 

Y el vodka, bueno, creo que no necesita mayor explicación. Aquí nos encontramos con una carta con más de 55 marcas, entre las que destacan algunas tan peculiares como el Zubrówka, aromatizado con la hierba del bisonte. (Glups). La lista es verdaderamente extensa y los hay de todas las procedencias: de Rusia, Polonia, Suecia, Finlandia, Islandia e incluso Nueva Zelanda. Siempre servido en shots helados.

 

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Y aunque son los blinis la especialidad de la casa, también se pueden saborear ensaladas de arenque y remolacha, sopa borscht, un excelente steak tartare y otras novedades fuera de carta. Una curiosa cocina de inspiración rusa-báltica-escandinava, ambientada con luces tenues, cortinas de terciopelo rojo y techos dorados, como si hubiéramos dejado atrás el lujo zarista para adaptarnos a los tiempos modernos en un ambiente revolucionario. Estamos en 1917.

 

Al lado de Ópera, justo en la esquina de la calle de la Independencia con la calle de la Amnistía, asoma tímidamente un pequeño restaurante en el que acaban de entrar Varvara Fiódorovna Stepánova y Aleksandr Ródchenko. Comparten apartamento y andan inventando un arte nuevo.

 

1917
Calle de la Independencia 1, esq. con Amnistía. 28013 Madrid.
Metro: Ópera

Tel: (+34) 91 142 98 00 

Web: http://www.bar1917.com/inicio

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