Un lugar perfecto

2_manuscrito_reducido.jpgUn bosque de pinos y el mar Mediterráneo. Un escarpe de olivos y la sierra. Los grillos zumbando. Los pasos dados sobre la blanda alfombra de las agujas de los pinos. El mar azul, constante. Deià era el lugar perfecto.

 

Corría 1929 y Robert Graves, una de de las grandes figuras de la literatura y la poesía inglesa del siglo XX, huye de Inglaterra. Publicó Adiós a todo eso, prematuras memorias en la que narra sus experiencias en la Primera Guerra Mundial, y decide entonces cerrar definitivamente una etapa de su vida. Siguiendo los consejos de Gertrude Stein marcha a Mallorca. Ese mismo año llega a Deià con su compañera, la poetisa norteamericana Laura Riding.

 

1_jardin_reducido.jpgY descubren atónitos la luz del Mediterráneo, la sierra, los olivos, el mar, el pueblo blanco. Deciden construirse una casa a las afueras del pueblo sobre el sendero que conduce a la cala: Ca n'Alluny ("casa lejana o la casa de lejos"). Será allí donde vuelva a dedicarse a un reconfortante y solitario trabajo. Ya en 1934, saldría a la luz su obra más célebre, Yo, Claudio.

 

Su casa de Deià se convirtió durante decenios en una especie de centro de atracción para personajes de toda índole. Entre sus huéspedes más espectaculares está Ava Gardner. Inclusó le dedicó algunos de sus poemas. Uno de ellos se titula No poder dormir y describe el estado de excitación que le provocaba, a pesar de su mujer, de sus hijos y de sus más de sesenta años, la presencia de la actriz norteamericana en su casa durante sus estancias en Deià.

Alec Guinness, Kingsley Amis, Peter Ustinov y hasta un joven Gabriel García Márquez, pasaron también por la casa. En marzo de 1950, Ca n'Alluny acogió durante algunas semanas a Stephen Hawking, que en aquel entonces sólo contaba con diez años de edad, acompañado de su madre, una compañera de universidad de Beryl, la segunda esposa de Graves. Stephen se lo pasaba muy bien tirando bombas fétidas, subrepticiamente, entre los invitados.

5_despacho_reducido.jpgRobert Graves llegó a confesar haber encontrado en Deià todo lo que necesitaba para trabajar: "Sol, mar, montañas, manantiales, árboles frondosos, ausencia de política y unos cuantos lujos de la civilización". Acaso lo mismo que siguen buscando los que vienen a la isla.

Le gustaba ir al café del pueblo y bajaba cada día a la cala para darse un baño
. Ahora su tumba se halla en el pequeño cementerio de la parte alta, justo al lado de la iglesia. Una discreta lápida recuerda sólo su nombre, la fecha de su nacimiento, la de su muerte, y una única palabra: poeta.

Deià, en 1929, era un lugar perfecto para decir "adiós a todo eso". Noventa años después dan ganas de seguirlo diciendo.

Casa de Robert Graves
Carretera Deià a Sóller, s/n. Tel. +34 971 636 185.
www.lacasaderobertgraves.com
Cierra los domingos.

Fotos: Fundación La Casa de Robert Graves

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