Julio 2009 Archivos

IMG_0001.jpgFueron ocho por siete. Porque durante casi siete siglos, aquellos que van desde la caida del Imperio romano a los inicios del Renacimiento, en la península ibérica se hablaban hasta ocho lenguas. No fueron siglos oscuros. La vida bullía incesante en estos territorios inestables en los que la política, la ciencia y la literatura estaban radicalmente marcadas por su condición fronteriza. Y todo se hacía en latín, o en árabe, o en hebreo, o en mozárabe, o en provenzal, o en galaico-portugués, o en castellano o en catalán.

 

Por primera vez tenemos reunida en un solo volumen una amplia muestra, en edición bilingüe, de la poesía lírica producida en estas ocho lenguas que convivieron, se sucedieron y se suplantaron a lo largo de estos siete siglos en la Hispania medieval. Cientos de textos anónimos, de canciones,  de jarchas, de villancicos, de pergaminos, de cancioneros de palacio, de sátiras, de juglares, de trovadores, de clérigos, de cortesanos,...formando un riquísimo mosaico de tradiciones poéticas y de poetas singulares.

 

Nuestros antepasados medievales vivían en un territorio tan múltiple y complejo como contradictorio. Un territorio proclive a la confrontación, pero también al contagio y al intercambio. Porque aquella Hispania medieval fue durante siglos una tierra de nadie, una tierra de todos, una amplísima frontera que ni unía ni separaba, porque todos vivían dentro de ella, un poco confundidos.

 

LOCUS AMOENUS

Antología de la lírica medieval de la península ibérica
(latín, árabe, hebreo, mozárabe, provenzal, galaico-portugués, castellano y catalán)

Edición bilingüe de Carlos Alvar y Jenaro Talens

Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, Barcelona, 2009
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Cielo-Salamanca-II.jpgMapas del cielo bajo el cielo. Libros, cartularios, códices y esferas se muestran al público en la sala que cobija la bóveda de la antigua Biblioteca de la Universidad de Salamanca: un cielo pintado a finales del siglo XVI, lleno de iconos, dioses paganos, constelaciones y signos zodiacales.

 

La Universidad de Salamanca, sumándose de esta manera a las celebraciones del Año Internacional de la Astronomía exhibe hasta el 14 de septiembre una selección de sus tesoros bibliográficos relacionados con la astronomía. Algunos de ellos se muestran por primera vez.

La exposición se inicia intentando resumir la historia de la astronomía en Europa. El visitante se encontrará con obras de Ptolomeo, Copérnico, Tycho, Brahe, Galileo, Kepler o Newton, entre otros. También hallará títulos tan relevantes para el comienzo de esta ciencia en Castilla como Los libros del saber de Astronomía del rey Alfonso X o el magnífico manuscrito que el cosmógrafo de la Casa de la Contratación de Sevilla dedicó a Felipe II. En este apartado destaca también la lujosa edición, costeada por Carlos V, de la obra de Apiano o el primer volumen de la Geografía Blaviana.

A continuación el visitante descubre una selección de obras que pertenecen a científicos relacionados con la ciudad. Entre los volúmenes destacados se encuentra la obra de Zacut Almanach Perpetuum, escrita en hebreo y traducida al castellano y al latín. Además, se exhiben dos obras relacionadas con Diego de Torres Villarroel, que antes de ser nombrado catedrático de Matemáticas en el segundo decenio del siglo XVIII, fue ermitaño, bailarín, alquimista, soldado, torero, curandero, astrólogo y adivino; luego se doctoró en medicina, y también en Artes, para terminar ordenándose como presbítero. Pero a lo que íbamos, a Torres Villarroel se debe la adquisición para la Biblioteca general de algunas de las esferas terrestres y celestes o "libros redondos y gordos", como también eran conocidas, que aquí se hallan.

 

Hoy las podemos contemplar en Salamanca. Y observar esos pequeños cielos debajo de un cielo que está debajo de otro cielo.

Miradas al cielo
La Astronomía en la Biblioteca de la Universidad de Salamanca
Sala de Exposiciones del Cielo de Salamanca en el Patio Escuelas.
Hasta el 13 de septiembre. De 12:00 a 14:00 h. y de 18:00 a 20:00 h. de martes a sábado. De 10:00 a 14:00 h. los domingos y festivos.
Foto: Turismo de Salamanca.

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2_manuscrito_reducido.jpgUn bosque de pinos y el mar Mediterráneo. Un escarpe de olivos y la sierra. Los grillos zumbando. Los pasos dados sobre la blanda alfombra de las agujas de los pinos. El mar azul, constante. Deià era el lugar perfecto.

 

Corría 1929 y Robert Graves, una de de las grandes figuras de la literatura y la poesía inglesa del siglo XX, huye de Inglaterra. Publicó Adiós a todo eso, prematuras memorias en la que narra sus experiencias en la Primera Guerra Mundial, y decide entonces cerrar definitivamente una etapa de su vida. Siguiendo los consejos de Gertrude Stein marcha a Mallorca. Ese mismo año llega a Deià con su compañera, la poetisa norteamericana Laura Riding.

 

1_jardin_reducido.jpgY descubren atónitos la luz del Mediterráneo, la sierra, los olivos, el mar, el pueblo blanco. Deciden construirse una casa a las afueras del pueblo sobre el sendero que conduce a la cala: Ca n'Alluny ("casa lejana o la casa de lejos"). Será allí donde vuelva a dedicarse a un reconfortante y solitario trabajo. Ya en 1934, saldría a la luz su obra más célebre, Yo, Claudio.

 

Su casa de Deià se convirtió durante decenios en una especie de centro de atracción para personajes de toda índole. Entre sus huéspedes más espectaculares está Ava Gardner. Inclusó le dedicó algunos de sus poemas. Uno de ellos se titula No poder dormir y describe el estado de excitación que le provocaba, a pesar de su mujer, de sus hijos y de sus más de sesenta años, la presencia de la actriz norteamericana en su casa durante sus estancias en Deià.

Alec Guinness, Kingsley Amis, Peter Ustinov y hasta un joven Gabriel García Márquez, pasaron también por la casa. En marzo de 1950, Ca n'Alluny acogió durante algunas semanas a Stephen Hawking, que en aquel entonces sólo contaba con diez años de edad, acompañado de su madre, una compañera de universidad de Beryl, la segunda esposa de Graves. Stephen se lo pasaba muy bien tirando bombas fétidas, subrepticiamente, entre los invitados.

5_despacho_reducido.jpgRobert Graves llegó a confesar haber encontrado en Deià todo lo que necesitaba para trabajar: "Sol, mar, montañas, manantiales, árboles frondosos, ausencia de política y unos cuantos lujos de la civilización". Acaso lo mismo que siguen buscando los que vienen a la isla.

Le gustaba ir al café del pueblo y bajaba cada día a la cala para darse un baño
. Ahora su tumba se halla en el pequeño cementerio de la parte alta, justo al lado de la iglesia. Una discreta lápida recuerda sólo su nombre, la fecha de su nacimiento, la de su muerte, y una única palabra: poeta.

Deià, en 1929, era un lugar perfecto para decir "adiós a todo eso". Noventa años después dan ganas de seguirlo diciendo.

Casa de Robert Graves
Carretera Deià a Sóller, s/n. Tel. +34 971 636 185.
www.lacasaderobertgraves.com
Cierra los domingos.

Fotos: Fundación La Casa de Robert Graves

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