Sábado 28. De Santa Lucía a Martinica

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Ayer, nuestro primer día entero en tierra, hubo actividad de lo más terciadito. Baxerri y uno de los "juanes", por eso de no perder el "swing" después de tantos días de travesía, se escaparon al St. Lucia Golf Resort. Para no herir susceptibilidades obviaré los resultados del "combate". Serafín y Oli, el alemán, salieron hacia la otra punta de la isla para bucear. Y los demás llevamos el Zulú hasta las inmediaciones de la destartaladamente caribeña Soufrière, donde de nuevo todos juntos pasamos el resto de la tarde a remojo, en absoluta soledad, en las aguas termales de este rincón de la isla alfombrado de jungla.


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Pasamos la noche fondeados frente a la playa, despampanante y salvaje, de Malgretout, vigilados por los "pitons", dos inmensos picachos que en medio de una vegetación con regusto a paraíso se yerguen sin contemplaciones sobre el mar.

 

Santa Lucía, a pesar de contar con una marina del nivel de Rodney Bay o con un buen puñado de hoteles de lujo, es un mínimo país insular bastante pobre en cuanto uno se aparta de los cogollos turísticos. Hasta Soufrière, de hecho, no parece que se acerquen muchos blanquitos. Pochi y yo apenas vimos a un timorato grupito de ellos mientras hacíamos la compra en el supermercado de la plaza, y de noche, cuando sólo Serafín y una servidora nos animamos a cambiar las copas en el Zulú por unas cervezas "piton" bien frías en el pueblo, sólo atisbamos a una rubia muy bien acompañada que, como nosotros, iba recalando por los bares a caballo entre lo rasta y lo country y los tenderetes callejeros de pollo a la brasa que presiden la vida noctívaga de esta esquina del Caribe.

 

Hoy muy temprano hemos partido hacia Martinica en dos horas sublimes de navegación, con estupendo viento de través y por fin, tras 18 días de travesía en empopada, "orzando a morir". A pesar de estar ya todos negros como tizones el sol nos ha castigado pero bien, y es que no había quien se resistiera a disfrutar de las últimas horas de vela sentado a barlovento, bajo un sol de justicia y con un Campari helado en la mano de esos que uno de los "juanes" sabe preparar como el mejor de los barman.


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Ya de lejos se nota que Martinica es mucho más "civilizada" que Santa Lucía. A fin de cuentas se trata de Europa (¿no?): se funciona en euros, sus vecinos gastan pasaporte francés y por sus ordenadas lomas incluso puede atisbarse algún que otro bloque de pisos (pocos, afortunadamente, que es también una isla bellísima).

 

Por la tarde hemos despedido a Oli, el alemán impasible que apenas ha soltado prenda durante todo el viaje y se ha leído cerca de una decena de libros de esos de a 600 páginas ejemplar. Me pregunto qué le contará a sus amigos a la vuelta sobre las improvisadas "actuaciones" con las que de cuando en cuando se amenizaban las veladas a bordo, de los desayunos con sobremesa de dos horas con los que empezábamos el día o de las clases de pilates que dirigía cada mañana el "profesor Baxerri" en la popa. A pesar de ser un hombre de pocas palabras creo que él también se ha divertido de lo lindo. No era precisamente la alegría de la huerta, pero no ha perdido la sonrisa ni un momento, y la verdad es que todos y cada uno de nosotros nos hemos esmerado por hacerle sentir parte del equipo a pesar de no ser particularmente sociable ni hablar ni papa de español.

 

Hoy se ha ido él, y mañana lo hacemos uno de los "juanes" y yo. Ni me atrevo todavía a pensar en ello.

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1 Comentario

Bagira sigue a flote. Problemas de enchufe arreglado. ¿Como se te puede escapar pez espada?
Te faltaban 2 cosas, yo y mi caña. He abierto un correo electronico "sagasti@hotmail.com".
Cuentame todo mentira que te creo todo. Sobre todo de pesca. Lo demas me lo imagino.
Saludos a baxarri.
Tengo oferta de llaves fijas a buen precio.
La estoy gozando.

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