23 de noviembre. Un poco de acción

mal_ti_1.jpgA menos de 600 millas de llegar al Caribe, un soberano chubasco vino ayer a romper la rutina de estas ya dos semanas de travesía atlántica, donde cada jornada ha sido fiel a un ritmo riguroso de: desayuno en cubierta, sin prisas, y media horita de pilates seguida por las prácticas con el sextante para calcular como los antiguos marinos los rumbos.

Enseguida, claro, a comer, con sobremesa, lecturas o siestas a voluntad para, al atardecer, tras unas horas de charlas y dominós, ir preparando cenas y copas con las que templar el cuerpo para las guardias que de noche tenemos que hacer todos salvo Pochi, la cocinera, que queda exenta de esta vigilancia y es la única que puede dormir a pierna suelta.

El capitán, Juan y Batxerri, en un momento de maniobras.jpgPero ayer, ni siquiera ella fue capaz. Tras una desternillante representación teatral que, en rigurosa exclusiva oceánica, habían llevado a escena el capitán, mi compañero Basarri y uno de los dos Juanes que llevamos a bordo, unos nubarrones negros avanzaron por la popa y comenzaron a descargar con saña.

Se ve que no les gustó mucho la obra que con tasto esmero había preparado el talentoso Juan, insigne inventor también en estos días de travesía de la guitarrolla, un nuevo instrumento musical fabricado en unas horas de tedio con apenas unos tablones, unos sedales de pesca y una cacerola rapiñada de la cocina.

Tras la representación en popa y la merecida ovación, el temporal llegó a alcanzar ráfagas de hasta 45 nudos de viento real. Lluvia, rayos y mucho balanceo. Pasar del pareo al traje de agua fue visto y no visto. También la guardia pasó anteanoche de ser una  una plácida observación de estrellas a un no perder de vista el rádar, donde de manera increíble, aparecían puntualmente las cortinas de agua que intentábamos evitar.

Juan maniobra.jpgLa tempestad duró toda la noche y buena parte de la mañana. Tanta buena vida, tanta buena vida...y es que hacía falta un poco de acción. Como era de esperar, tras la tempestad llegó la calma, y la tarde volvió a lucir resplandeciente. Igual que ha amanecido hoy.

Estamos a latitud 14 grados 17 minutos y 526 segundos Norte y longitud 51 grados 26 minutos y 739 segundos Oeste. Quedan solo 69 horas para llegar al Caribe, y po apetecible que pueda sonar, ninguno de los ocho tripulantes tenemos gana alguna de llegar a puerto.

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